La importancia del Ritual Masónico

En un mundo que ha perdido ceremonias y significados compartidos, el ritual masónico permanece como una vía de armonía, fraternidad y crecimiento interior. ¿Por qué sigue siendo esencial hoy?

FRATERNITAT I VALORS

R.L. Harmonia 126

1/24/20263 min read

Cuando el gesto se convierte en camino: el poder silencioso del ritual

En cierta medida, enseñar, educar, es iniciar a otros en algún aspecto. En las sociedades antiguas, los rituales eran las maneras tradicionales de educar. La comunidad educaba continuamente, de manera natural y había momentos especiales que significaban avances en ese desarrollo.

Hace ya mucho tiempo que en la vida profana, hemos abandonado rituales y ceremonias que el materialismo y el individualismo dejó sin significado o realidad interna y oculta. Si el ritual potencia las relaciones de una comunidad, su ausencia no puede deparar más que un sentimiento de orfandad.

Es probable que sea esta la razón por la que el ser humano, en alguna parte de su ser, guarde un secreto amor por las ceremonias y el ritual. Y si esto es así para todos, ¿que no debería ser para nosotros los masones, que además de disponer de rituales, estos se desarrollan con sencillez, belleza, elegancia y dignidad?.

Pero estos aspectos, aun siendo necesarios, no dejan de ser superficiales. La masonería es una escuela de pensamiento, un camino iniciático y esotérico de búsqueda, evolución y crecimiento interior, donde cada símbolo, cada acción tiene una intención. Su interacción predispone al trabajo en la Logia, lugar en el que todo se unifica y donde todo toma cuerpo.

El verdadero valor del ritual masónico radica en su universalidad, radica en que condensa la sabiduría acumulada durante muchas generaciones. Tanto la condensa, que cada palabra, cada movimiento, cada detalle, tiene un profundo significado. Pero esta sabiduría solo se manifiesta ante el masón que la busca, y solo en la medida en que su nivel de desarrollo masónico le permite asimilarla. El ritual predispone así al actor y al mismo tiempo crea el escenario.

El ritual masónico, aún siendo importante, es más camino que destino. Es el sendero que se ha ido formando por el continuo circular de los muchos masones que nos precedieron. Es la guía que nos conduce hacia la armonía en las Tenidas, la razón de que se genere un sincero sentimiento de hermandad, y la oportunidad de compartir una profunda paz espiritual. El trabajo en la Logia requiere el ritual como herramienta, que como tal, será eficaz si lo manejamos con destreza. Bien aplicado debería conseguir que los pensamientos de todos los hermanos vibraran en la misma frecuencia, y que los corazones latiesen al unísono

Si el ritual aporta espléndidas y sencillas frases antiguas, dignidad y armonía en los movimientos, solemnidad y ambiente fraternal, el masón debe poner respeto, silencio, introspección, ilusión y alegría. Todo sumado contribuye a generar el adecuado estado espiritual que permite liberar la energía latente y el potencial de crecimiento que como masones pretendemos desarrollar.

Pero todo esto solo es posible si se cumple una premisa: la correcta y disciplinada aplicación del ritual. Cada Oficial tiene como una de sus obligaciones más importantes el velar porque así sea. Debe poner toda su dedicación y empeño para que el desarrollo del ritual coincida con lo que está escrito, o bien que lo que está escrito coincida con el desarrollo del ritual. No importa como. Importa que ese ritual evoque la naturaleza precisa de las ceremonias que adoptaron los que nos han precedido y que supieron formar un sistema que ha subsistido a lo largo de los siglos.

Seguramente los rituales antiguos han sufrido correcciones, alteraciones y han sido recortados y ampliados por personas cargadas de buenas intenciones y también de competencia, pero que inevitablemente incluyeron algo personal o relacionado con la moda intelectual del momento.

Por ese motivo, todos los rituales son discutibles, pero en esas discusiones ha de prevalecer una intención: Distinguir claramente lo que es esencial de lo que no lo es. No alterar ni un ápice cualquier aspecto o palabra que afecte a la naturaleza sagrada del ritual.

Es evidente que aplicar el ritual con esmero y disciplina ha de ser un trabajo de todos, y todos deberían procurar que sea así. Las instrucciones son claras: dignidad y armonía en los movimientos, ritmo y sincronización adecuados, solemnidad y ambiente fraternal, respeto, silencio, introspección, ilusión y alegría.

En cualquier caso, hemos de recordar que existe una forma de comprobar que lo hacemos bien: nuestros pensamientos vibran en la misma frecuencia y nuestros corazones laten al unísono. Si es así, felicitémonos, si no es así, perseveremos o quedémonos en casa.